El camino de Santiago comienza a realizarse en el mismo momento en que se descubren los restos del apóstol.
Los cristianos tenían por tradición peregrinar a los Santos Lugares de Jerusalén y Roma, pero ahora se dirigirán hacia Compostela, que guarda el cuerpo del apóstol Santiago.
La fama de sus milagros, curaciones y apariciones en las guerras se va a extender por todo el mundo y llevará a sus creyentes a emprender un largo camino desde cualquier punto de Europa hasta Santiago, para adorarlo.
Los viajeros se encuentran con dificultades para conseguir su objetivo: los caminos son inseguros, los puentes están destruidos y las calzadas romanas se encontraban en un estado bastante lamentable. Como no había ciudades en el norte, las zonas en que no habitaba la población servían de resguardo a bandidos y asaltadores, que roban y matan a los viajeros.
Los reyes, Papas y obispos, sabían que llegar era peligroso, y tomaron medidas de protección: fundaron hospitales y albergues, levantaron templos y construyeron puentes a todo lo largo del camino.
A lo largo de su historia grandes personajes viajaron a Santiago: Luis VII de Francia; Eduardo I de Inglaterra; la Emperatriz Viuda de Alemania, Matilda; los Reyes Católicos; Felipe II; Don Juan de Austria; el pintor Van Eyck...
El primer Papa que visitó la tumba del apóstol fue Juan Pablo II en 1989; aunque en 1908 el que sería Papa Juan XXIII hizo el camino andando, como un verdadero peregrino.

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